• 10Nov

    ¿Te da la sensación de que no sabes qué hacer con tu hijo de dos años? ¿Piensas en un rato largo que estás con él como un problema? ¿Te entran tentaciones cuando esto ocurre de aficionarle a la tele con todo tipo de películas de las que dejan ensimismado durante un periodo largo de tiempo? Pues quizá estos consejos te puedan ayudar a transformar esos ratos compartidos en inolvidables para los dos.

    Jugar con nuestro hijo de dos años

    Jugar con nuestro hijo de dos años

    Antes que nada, aprende a posponer todo lo que tengas que hacer profesionalmente hablando, si surge la ocasión tendrás ese rato para terminar el trabajo, pero de primeras no pienses en él porque te decepcionarás del resultado. Tu hijo te necesita y este es el momento de demostrarle que estás cerca de él. Igual que debemos lograr poner a un lado los problemas de casa para rendir en el trabajo, también debemos olvidarnos del trabajo cuando estemos con nuestros hijos. Si no te encuentras capaz de desconectar, y por más que lo intentas sigues dándole vueltas a la cabeza con otras cosas, díselo a tu hijo, comparte con él ese deseo de estar plenamente con él pero tu incapacidad para volcarte en lo que estéis haciendo, te sorprenderás de lo comprensivos que son los niños, y muy probablemente te dará una lección sobre cómo hay que tomarse la vida.

    Afronta esos ratos junto a tu hijo como la manera de conocerle y descubrir lo que lleva en su interior. Descubre con entusiasmo lo que su pequeña cabecita está procesando y disfruta sin rubor de cualquier progreso que haya alcanzado, por insignificante que parezca.

    Cada vez que termines de jugar con tu hijo escribe en una lista lo que más te ha gustado hacer con él. Si esa lista va creciendo, con el tiempo tendrás más ideas y sabrás gestionar mejor las actividades compartidas. Es mejor no forzar algo que no te apetezca, pues la diversión de los dos es mucho más satisfactoria que la de uno solo.

    Para los niños todo es un juego, de tal forma que las tareas cotidianas que a nosotros puedan parecernos poco especiales, en verdad pueden ser incluso con lo que más disfruten ellos. Por ejemplo: hablar con él, contándole cosas tan sencillas como cuándo ladran los perros, por qué los coches van por la carretera o cómo funciona un aspirador; preparar la comida, permitiéndoles hacer el máximo de cosas posible sin alarmarnos por lo que puedan derramar; limpiar la cocina; poner lavadoras; hacer las camas; doblar la ropa; regar las plantas; tirar la basura; bañarse; vestirse. En definitiva cualquier labor rutinaria se puede convertir en un juego. Lo importante es que ellos participen sin ser criticados por su inexperiencia.

    Salir a la calle caminando siempre es una forma de compartir experiencias muy diversas con ellos, y de hacer ejercicio, pues el paseo puede ir acompañado de saltos, carreras, jugar en el parque, subir a casa por las escaleras. Si el tiempo no acompaña podemos pensar en formas de quemar energía en casa, como dar volteretas, bailar, caminar de distintas formas, pasarse la pelota, saltar por las baldosas de la cocina.

    Otras ideas para compartir tiempo de calidad con nuestros hijos son: los cuentos, podemos recordar los cuentos que nos contaban en nuestra infancia, leer los que tengamos en casa o hacer una visita a la biblioteca local; las historias inventadas. Si no tenemos mucha imaginación podemos contarles anécdotas de nuestra vida, ¡les apasionará!; ver álbumes de fotos de nuestra vida y de la suya; cantar canciones de niños y jugar a cambiarles la letra; el juego simbólico de hacer como que somos dependientes de tiendas, bomberos, médicos, profesores.

    Las actividades plásticas son muy buenas para compartir con los adultos, como por ejemplo: pintar con rotuladores, lápices, ceras, pintura de dedos, acuarelas con pinceles finos, gordos, con rulos de pintura pequeños; rasgar papeles de diferente tipo y pegarlos en otro folio; recortar dibujos de revistas y pegarlos en cuadernos para después contar una historia inventada; moldear plastilina o masa casera; despegar y pegar adhesivos de diferentes tamaños.

    La clave de la diversión residirá en: respetar el ritmo de ejecución del niño, no meter prisa ni cambiar a menudo de actividad si vemos que no han terminado, a veces pueden estar jugando a lo mismo durante más tiempo del que nos pensamos, quizá sólo necesiten más ideas para variar la ejecución; no criticar la forma en que actúan o realizan las tareas, pues queremos fomentar la imaginación y la autonomía; Explicar con palabras todo lo que llevemos a cabo para añadirle comprensión, vocabulario y razonamiento verbal; y sobre todo pensar en cuánto nos quiere nuestro hijo, así como lo que le queremos a él.

    Cristina Gómez García de Paredes.

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