• 30Jul

    “Una experiencia de amor, de comunicación y de respeto”

    Salimos del hospital, nos dieron el alta,  ahora queremos seguir ayudándote a crecer con el calor de nuestro cuerpo, con nuestros masajes, con nuestra voz, con nuestras caricias y nuestros abrazos. Queremos trasmitirte nuestro amor de todas las formas posibles.

    Además hemos descubierto durante tus primeros meses que a pesar de tu bajo peso, sientes y reconoces nuestras manos cuando te tocamos, escuchas nuestra voz y te relajas, hueles nuestra piel y te tranquilizas. Sabemos que esta estimulación de tus sentidos hace que tus circuitos neurológicos se pongan en marcha.

    En el Gabiente Foresta ayudamos a tus padres a vivir esta experiencia de los primeros años contigo y estaremos encantados de que se unan a nuestros grupos de Atención Temprana y apoyo a la maternidad-paternidad.

    En el Gabinete Foresta ofrecemos a los padres los siguientes servicios:

    Grupos de atención temprana para padres de bebés prematuros

    Grupos de atención temprana para padres de bebés prematuros

    ATENCIÓN TEMPRANA PARA TU BEBÉ

    •    Estimulación natural de tu bebé.
    •    Masaje infantil (Masaje Vimala y Masaje Metamórfico)
    •    Intervención Psicomotriz Temprana.
    •    Estimulación musical y musicoterapia.
    •    Conocimiento de los diferentes momentos evolutivos de tu bebé.
    •    Apoyo para afianzar la comunicación con tu bebé.

    APOYO A PADRES Y MADRES

    Además sabemos que no todos los padres viven el nacimiento anticipado de sus hijos del mismo modo, ni todos los padres resuelven sus emociones y sus miedos de la misma manera. Por ello también te ofrecemos :
    •    Apoyo emocional para valorar y disfrutar tu maternidad y paternidad de forma consciente.
    •    Seguridad en vosotros mismos para ayudar a crecer de manera armónica a tus hijos.
    •    Comprensión y conocimiento de los distintos momentos evolutivos por los que va transitando tu hijo para poder ayudarle dando respuesta a sus necesidades.

    ENCUENTROS DE FAMILIAS

    También queremos ofreceros un lugar de encuentro con otros padres, teniendo así la oportunidad de compartir dudas, temores e inquietudes sobre el día a día de vuestros pequeños.

    Pilar Valdregrama
    Psicóloga, especialista en atención temprana.

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  • 15Sep

    Las ocasiones en que nuestros hijos se equivocan y, debido a las consecuencias naturales, son conscientes de ello, constituyen herramientas utilísimas para la educación de la conciencia. Pero con frecuencia arruinamos su efecto torpemente. Para justificar esta afirmación sólo hay que pensar en la cantidad de veces que recriminamos a los niños cuando sufren las consecuencias de un acto realizado inadecuadamente. Nuestra respuesta en muchas ocasiones encaja con las siguientes expresiones: “Eso te pasa por no hacerme caso” “Si ya te lo he dicho yo muchas veces”; o abrumamos con explicaciones que ya conocen y no dejamos recapacitar por su propia iniciativa.

    El resultado de este tipo de actuación es que los niños necesitan de una reprimenda para darse cuenta de que están haciendo algo equívoco. Dificultamos el proceso natural de aprendizaje moral cohercionando su conciencia, pues no la dejamos madurar lo suficiente como para que se active de manera autónoma. El efecto a largo plazo de no saber escuchar la propia conciencia es que no estarán entrenados en la reacción espontánea de rechazo del mal, todo lo contrario, necesitarán de un apoyo externo que les recuerde lo incorrecto, o se acostumbrarán a necesitar las consecuencias extras que añadimos los adultos, de tal manera que las naturales les podrán llegar a parecer insignificantes.

    ¿Por qué no probar a observar la reacción del niño sin nosotros castigar o reprender? ¿Por qué no escuchar los comentarios que pueda llegar a decir el niño en respuesta a lo que le ha ocurrido? ¿Por qué no dejar que su conciencia responda y le de la lección correspondiente sin necesitar de nuestra ayuda? A los niños les llegará el momento en que no nos tendrán alrededor para explicarles lo que está bien o mal, tendrán que sentirlo por sí mismos y tendrán que escoger por su propia iniciativa el bien. Dejemos que se desarrolle esa sensación de error y de malestar por haberse equivocado.

    Cristina Gómez García de Paredes

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  • 10Apr

    Estoy firmemente convencida de que nunca vamos a poder atender correctamente una complicación en la educación de los hijos si no somos capaces de comprender el punto de vista del niño. ¿Qué está pasando por su mente? ¿Cómo estamos actuando? ¿Qué circunstancias personales y materiales tiene a su alrededor? ¿Cómo estamos atendiendo a sus necesidades psicológicas y afectivas?

    La educación en los niños demanda mucha creatividad. Y en la sociedad actual no se fomenta ese tipo de inteligencia precisamente. Si nos fijamos, a lo largo de nuestros años escolares nos hemos acostumbrado a que nos den todas las pautas de lo que debemos hacer, con un canon previamente establecido del procedimiento a seguir. Nos cuesta ser capaces de pensar alternativas, salvo mentes brillantemente creativas que consiguen esquivar la tendencia casi única.

    Este es uno de los motivos por los que considero que es difícil la educación de los niños, porque no tenemos imaginación, porque no damos rienda suelta a la creatividad y por supuesto porque no tenemos tiempo para fomentarla.

    Aún con todos los inconvenientes expuestos, merece la pena intentarlo. Vamos a pensar en el mundo de los niños. Empecemos por ver la película de Descubriendo Nunca Jamás. Sigamos por involucrarnos plenamente en uno de sus juegos favoritos (sin contar con la play station ni la televisión) Después leamos el desarrollo evolutivo del niño en la edad en que se encuentra, para saber lo que suele ocurrir emocional e intelectualmente en el momento específico de su desarrollo. Y por último hablemos con él lo suficiente como para saber qué siente y que piensa sobre lo que le rodea (no sobre lo que nos interesa saber a nosotros, sino sobre lo que le interesa a él o ella) Nos daremos cuenta de la diferencia tan grande entre nuestro punto de vista y el de ellos. Ese es el primer paso.

    Una vez observemos esa diferencia, el siguiente paso es marcar nuestros objetivos educativos prioritarios, coherentemente con la etapa evolutiva del niño, sin miedo a exigir ni a apuntar alto en sus posibilidades, pues muchas veces pensamos que son capaces de menos de lo que en realidad pueden alcanzar, pero a la vez restringiendo las metas a las esenciales (que se puedan contar con los dedos de las manos)

    El último paso consistirá en pensar maneras variadas para conseguir dichos objetivos, procurando ser originales, desatando los límites de lo pre-establecido, pensando más allá de lo que nuestros padres hacían con nosotros, olvidándonos de lo que dirá o no dirá la gente de nuestro alrededor. Puede servir de gran utilidad hacer una tormenta de ideas entre los dos padres, apuntando todas las ideas por disparatadas que resulten, la crítica ya llegará después, a la hora de seleccionar las actuaciones que escojamos. Con este ejercicio el abanico de acción será grande y nuestra mente se abrirá a nuevas salidas en momentos de tensión. El resultado será divertido, efectivo, original y en definitiva espectacular, eso por descontado, salvo los casos específicos en que sea necesario una intervención personalizada para solucionar un problema de fondo.

    Cristina Gómez García de Paredes

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